Recorrido de visita ES : Exposición “Antes de los Nenúfares. Monet descubre Giverny, 1883–1890”

El 29 de abril de 1883 Claude Monet alquilo una casa en Giverny, Le Pressoir, que acabó adquiriendo el 19 de noviembre de 1890. Allí vivió hasta su fallecimiento el 5 de diciembre de 1926.
En este lugar, desarrolló su arte durante 43 años, pintando incansablemente el campo, pero sobre todo su jardín, que moldea como una obra de arte en sí misma. Los estudios sobre el periodo de Monet en Giverny se han centrado a menudo en la obra relacionada con su estanque de nenúfares o en las series dedicadas a los álamos, los almiares y las mañanas en el Sena. El periodo tardío de Monet, en el que sus obras preludiaban la abstracción, también ha sido sometido a minuciosos análisis.
Sin embargo, los primeros años de Monet en Giverny nunca han sido objeto de una exposición dedicada íntegramente a ellos. Por lo tanto, volver a reunir en Giverny, el lugar donde fueron creadas, las pinturas del artista reviste un gran interés. Mucho antes de crear su famoso «jardín acuático» en la década de 1890, Monet se centró primero en la naturaleza que rodeaba su casa.
Mapa sala A
Giverny es una pequeña localidad situada a setenta y cinco kilómetros al noroeste de París y a sesenta kilómetros al este de Ruan.El lugar es especial: situado entre la orilla del Sena y las colinas de piedra caliza. El fondo del valle se humedece por la proximidad del río y la presencia del Epte, que sigue siendo inundable, como en la época de Claude Monet. La línea ferroviaria que une Gisors con Pacy-sur-Eure atraviesa el pueblo. Predomina la agricultura: cereales, viñedos y 200 manzanos para sidra; hay tres molinos instalados a lo largo del río Epte. En la ladera, todas las parcelas están cultivadas.
El lugar es encantador y el pintor estadounidense Guy Rose lo describió de forma idílica en 1897: «El pueblo se encuentra en la carretera que une París con Ruan, en el encantador valle del Sena (…). Una sinuosa carretera bordeada de casas pintadas con cal: sus tejados cubiertos de musgo y tejas rojas crean un efecto verde y rojo opalescente a plena luz del sol, o malva atenuado a la sombra.Altos muros rodean pintorescos jardines y amplias laderas en las que los diversos cultivos de hortalizas forman cuadrados de colores descienden hacia praderas bajas y muy llanas, atravesadas por el río Epte, entre sus sauces podados (…) y por doquier se divisan amapolas y violetas.Los campesinos (…) os saludan sentados o tumbados en la hierba junto a su ganado pastando, o montando sus grandes caballos normandos, a los que unos grandes collares azules adornados con piel confieren un aspecto majestuoso» (Pratt Institute Monthly).
De Vétheuil a Giverny
Cuando Monet llegó a Giverny en 1883, ya había viajado mucho.
Nacido en París, pero criado en Le Havre, regresaba regularmente a Normandía. Ya era conocedor de la región de Giverny: en 1868 se alojó en Bennecourt, donde pintó a su compañera Camille a orillas del Sena. Tras la guerra franco-prusiana de 1870-1871, Monet se instaló en Argenteuil (1872-1878). Son años de lucha, en los que al artista le cuesta ganarse la vida con su arte. Su marchante Paul Durand-Ruel lo defiende a duras penas. El éxito tardó en llegar.
De 1878 a 1881, vivió en Vétheuil. Alquiló una casa con jardín junto a la carretera, a la entrada del pueblo. «He plantado mi tienda a orillas del Sena, en Vétheuil, en un lugar encantador», exclamaba Monet en septiembre de 1878. Allí creó iconos del impresionismo, multiplicando los puntos de vista sobre el río, los campos, las colinas, las inundaciones… Sin embargo, es un tiempo de pruebas, en el que le faltan constantemente los recursos para mantener a su familia. Un año después de instalarse allí, le sobreviene una profunda tragedia: el 5 de septiembre de 1879 fallece Camille. Pero la vida sigue y Monet continúa su búsqueda de paisajes, con la esperanza de vender sus cuadros. Sin embargo, tuvo que abandonar Vétheuil e instalarse en Poissy en diciembre de 1881. Con su nueva compañera, Alice Hoschedé, sus dos hijos Jean y Michel y los seis hijos de Alice, alquiló una casa grande. Permanecerá allí catorce meses, hasta abril de 1883, pero nunca llegó a enamorarse del lugar. A continuación, encontró una acogedora zona rural entre Vernon y La Roche-Guyon y se detuvo en Giverny, donde se mudó en abril de 1883.
A lo largo del Epte y el Sena
Para Claude Monet, el agua es un punto de referencia permanente. Desde Le Havre hasta Giverny, desde el Mediterráneo hasta el Támesis, frecuentó durante toda su vida las orillas, las riberas de los ríos y las costas marítimas. Incluso, se podría pensar que su decisión de instalarse en Giverny se debió a su necesidad de tener acceso al agua y al mar a través del Sena.
Para pintar y desplazarse por el río, Monet utilizaba su barco-taller. Lo utiliza para pintar sus «Matinées sur la Seine» (Mañanas en el Sena), pero también para representar Bennecourt o Jeufosse y desplazarse entre las islas del Sena, más numerosas en su época que en la actualidad.
Por momentos, el agua puede resultar invasiva. Las inundaciones son frecuentes en invierno y el pantano comunal de Giverny parece intransitable en otoño. Pero en pleno invierno, se convierte en una maravillosa pista de patinaje. Jean-Pierre Hoschedé contó cómo se divertía con su hermanastro, Michel Monet, patinando sobre el hielo del pantano cercano a su casa. El agua es esencial para la creación del estanque de Monet en Giverny. Esto le causará muchos problemas con los habitantes del pueblo, ya que el ayuntamiento se mostraba reacio a este proyecto. Finalmente, el 24 de julio de 1893, la prefectura autorizó el desvío del agua indispensable para las plantas acuáticas.
A través de los campos: almiares y amapolas
Las amapolas son un tema que Monet disfrutó representando desde la década de 1870, en Argenteuil. Cuando llegó a Giverny, buscó pintar motivos alegres, pintorescos, pero también atractivos para los coleccionistas. Sintió inspiración por las amapolas y los lirios. A partir de 1885, Monet pintó diferentes campos cubiertos de amapolas, entre Giverny y Limetz o en el mismo pueblo, cerca de su casa. Pero, a diferencia del periodo de Argenteuil, Monet evitaba incluir personajes en sus paisajes. Su trabajo se centró en los efectos de la luz sobre las flores y los lugares observados. En 1890, desarrolló su enfoque en una serie de pinturas de las colinas de Giverny. Estos campos de avena invadidos por amapolas dan testimonio de su interés por la variación y la interpretación de las horas del día.
Ese mismo año, se interesó por un motivo que pintará a lo largo de sus primeros años en Giverny: los almiares. En 1888, tras la cosecha, otro tipo de almiares llamó su atención: los grandes pajares en los que los campesinos almacenaban las espigas cosechadas, a la espera de que pudieran ser trilladas y recoger el grano. Varios se erigieron en Clos Morin, no lejos de su casa, en el lugar donde hoy se encuentra el Museo del Impresionismo. Son estos imponentes almiares los que le inspirarán dos años más tarde, entre finales del verano de 1890 y principios de 1891, la serie de Les meules (Los almiares). Al igual que Las catedrales o Los álamos, esta serie, que expuso en la galería de su marchante Paul-Durant Ruel en mayo de 1891, marcó la historia del arte como una entrada triunfal en la modernidad.
Lejos de Giverny: los viajes de Monet
Aunque la edad y los atractivos del jardín llevaron a Monet a reducir progresivamente el número de sus viajes, pasó largos meses lejos de Giverny en los años posteriores a su traslado.
Desde su estancia en Vétheuil, volvió a descubrir los motivos de la costa normanda, paisajes de su infancia, gracias a su hermano Léon, quien le hizo descubrir la localidad costera de Les Petites Dalles. Hasta 1886, Monet volvía regularmente a pintar las playas y acantilados de la costa de la Mancha, en Varengeville, Pourville y, sobre todo, en Étretat. Las estaciones de Giverny y Vernon facilitaron estas excursiones, al igual que le permitieron llegar fácilmente a París, donde la red ferroviaria estaba muy desarrollada. Gracias a Renoir, descubrió la costa mediterránea. A finales de 1883, los dos impresionistas viajaron entre Marsella y Génova. Unas semanas después de su vuelta, Monet, seducido por la resplandeciente luz de la región, regresó a trabajar solo a Bordighera. En 1888, vuelve a buscar los colores del sur en Cap d’Antibes, apreciado por su amigo Maupassant. Se desconoce el motivo exacto de su estancia en Belle-Île en 1886, pero es posible que Octave Mirbeau, que por entonces alquilaba una casa en Noirmoutier, le describiera las bellezas salvajes de la isla. Ese mismo año, la invitación del diplomático Paul d’Estournelles de Constant le llevó a descubrir los campos de tulipanes de los Países Bajos. Finalmente, a través de Gustave Geffroy, en 1889 conoció a Maurice Rollinat, retirado en el valle del Creuse. La hospitalidad del poeta permitió a Monet pintar sus vertientes sombrías.
Antes de los nenúfares, los inicios del jardín
En Le Pressoir, Monet encuentra una residencia capaz de alojar cómodamente a toda su familia y que le ofrece un amplio espacio donde expresar su amor por las flores. La casa se abre a un terreno cerrado de casi una hectárea, plantado con árboles frutales y ornamentales, estructurado por setos de boj recortados y largos parterres que bordean un camino central.
Desde el momento en que se instaló, Monet plantó las flores que le gustaba pintar: anémonas, crisantemos, dalias, clemátides y peonías. El jardín se convierte en objeto de atención constante. Recogidas en ramos, las flores del jardín inspiran los paneles decorativos que diseña para el apartamento de su marchante Paul Durand-Ruel. Sin embargo, hubo que esperar hasta 1887 para que Monet se decidiera a pintar el jardín, eligiendo en primer lugar las clemátides y las peonías como motivos.
La adquisición definitiva de la casa y sus terrenos, el 19 de noviembre de 1890, le permitió profundizar en esta aventura y transformar progresivamente el recinto normando en un exuberante jardín de flores.
En 1893, Monet compró un terreno situado al otro lado de la carretera y la vía férrea con el fin de construir un estanque con nenúfares. La compra de una parcela contigua en 1901 le permitió ampliar el estanque y darle el aspecto que conocemos hoy en día. Estos terrenos, atravesados por el Ru, un brazo del Epte que recorre el pueblo, le proporcionan el agua necesaria para alimentar el estanque.
El estanque de los nenúfares encarna así, al igual que el conjunto del jardín, la síntesis de las bellezas observadas durante sus viajes y las imágenes de Japón que cubren las paredes de su casa.
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